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Rincón del experto

Trastorno del espectro autista y riesgo de demencia

Encéfalo.

Corte sagital del encéfalo (imagen decorativa)

Durante décadas, el trastorno del espectro autista fue estudiado casi exclusivamente en la infancia. Los manuales diagnósticos, las guías de intervención y los servicios de apoyo se diseñaron pensando en niños y adolescentes. Sin embargo, quienes fueron diagnosticados en los años ochenta y noventa ya están llegando a la madurez e incluso a la vejez. Este cambio generacional ha impulsado preguntas que apenas comienzan a recibir atención científica: ¿cómo envejecen las personas con trastorno del espectro autista? y, en particular, ¿tienen un mayor riesgo de desarrollar demencia, incluida la enfermedad de Alzheimer?

A diferencia de otras condiciones del neurodesarrollo, el trastorno del espectro autista no implica un deterioro progresivo por sí mismo. No es una enfermedad neurodegenerativa, y hasta hace poco la investigación sobre adultos mayores autistas era muy escasa. Esto contrasta con otras condiciones como el síndrome de Down, en las que el riesgo de Alzheimer precoz está bien establecido. En el trastorno del espectro autista, en cambio, todavía estamos construyendo conocimiento, aunque ya comienzan a observarse patrones que merecen atención.

El término «demencia» engloba diversos síndromes caracterizados por un deterioro progresivo de las capacidades cognitivas que afecta a la autonomía. La forma más frecuente es la enfermedad de Alzheimer, que suele iniciar con fallos de memoria y desorientación. Existen también la demencia frontotemporal, que altera primero la conducta y el lenguaje; la demencia vascular, asociada a problemas cardiovasculares; y la demencia con cuerpos de Lewy, que cursa con fluctuaciones cognitivas, alucinaciones visuales y síntomas motores.

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Algunos estudios han observado un posible aumento de diagnósticos de demencia en personas con trastorno del espectro autista. Por ejemplo, una investigación del Reino Unido publicada en 2019 encontró que los adultos mayores autistas, especialmente aquellos con discapacidad intelectual, tenían más probabilidades de recibir un diagnóstico de demencia. Sin embargo, otros trabajos han mostrado lo contrario, algunas personas autistas mantienen un funcionamiento cognitivo estable durante la vejez o no presentan un riesgo superior en ausencia de comorbilidades significativas.

Estas inconsistencias se explican, en parte, por la falta de datos fiables. Muchas personas adultas autistas nunca fueron diagnosticadas en su infancia, y otras no cuentan con evaluaciones previas que permitan distinguir entre un verdadero deterioro cognitivo y una variación normal dentro de su perfil neurocognitivo.

Aun así, la evidencia disponible sugiere que ciertos subgrupos dentro del espectro podrían ser más vulnerables. Entre ellos destacan las personas con discapacidad intelectual, quienes presentan epilepsia —especialmente si es de larga evolución— y aquellas con comorbilidades metabólicas o cardiovasculares relevantes. Una posible explicación es que estas condiciones pueden limitar la participación en actividades cognitivas, sociales y físicas, reduciendo la llamada reserva cognitiva. Desde este punto de vista, el trastorno del espectro autista no aumentaría por sí mismo el riesgo de demencia, sino que este dependería de factores adicionales.

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Aunque la mayoría de los estudios se han centrado en la enfermedad de Alzheimer, investigaciones más recientes han sugerido que la demencia frontotemporal podría estar sobrerrepresentada en ciertos perfiles de personas autistas. Esto abre un campo de estudio prometedor sobre la relación entre el autismo y las funciones de las áreas frontales del cerebro.

Otro desafío importante es el solapamiento de síntomas. Algunos rasgos del trastorno del espectro autista pueden confundirse con manifestaciones tempranas de demencia: la rigidez cognitiva puede interpretarse como pérdida de flexibilidad ejecutiva., la preferencia por rutinas puede parecer apatía, las dificultades comunicativas podrían leerse como fallos de memoria verbal y el aislamiento social puede confundirse con desorientación o pérdida de habilidades sociales.

Estas coincidencias pueden conducir, tanto a sobrediagnósticos como a que casos reales de demencia pasen desapercibidos.

Un estudio reciente de 2025, realizado en Estados Unidos, evaluó la prevalencia de demencia en adultos con trastorno del espectro autista utilizando dos grupos: personas con trastorno del espectro autista sin discapacidad intelectual y personas con trastorno del espectro autista y discapacidad intelectual. El análisis incluyó, además, la influencia de otras afecciones médicas y diferencias según raza y etnicidad. En una muestra de más de 14 000 adultos —mayoritariamente hombres y con un alto porcentaje de personas de 40 años o más— se encontró que la demencia era relativamente frecuente: aproximadamente el 8 % en el grupo con solo trastorno del espectro autista y casi el 9 % en el grupo con trastorno del espectro autista y discapacidad intelectual. La edad fue el factor más determinante; entre quienes tenían más de 64 años, la prevalencia superó el 30 % en ambos grupos. Asimismo, factores de riesgo comunes en la población general, como las enfermedades cardiovasculares, la depresión o los trastornos psiquiátricos, aumentaron notablemente la probabilidad de diagnóstico, incluso tras considerar el tipo de residencia.

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Estos hallazgos sugieren que el envejecimiento en la población autista puede conllevar un riesgo significativo de demencia, y que los factores médicos habituales desempeñan un papel importante en esta vulnerabilidad. Las posibles causas de este aumento ligero de riesgo podrían incluir la presencia de comorbilidades como obesidad, hipertensión, diabetes o sedentarismo, que afectan de forma indirecta al deterioro cognitivo. También se han identificado ciertos genes vinculados al trastorno del espectro autista que participan en procesos celulares relevantes para enfermedades neurodegenerativas, aunque no son directamente responsables del Alzheimer. Además, estudios de neuroimagen han mostrado patrones de conectividad cerebral en el trastorno del espectro autista que pueden solaparse parcialmente con los observados en la enfermedad de Alzheimer o en la demencia frontotemporal. A esto se suman factores de estilo de vida, como el aislamiento social, el estrés crónico o la falta de participación comunitaria, que pueden disminuir la reserva cognitiva y favorecer la aparición temprana de síntomas.

En conjunto, la evidencia actual indica que el trastorno del espectro autista, por sí mismo, no parece aumentar de manera uniforme el riesgo de demencia. Sin embargo, ciertos subgrupos, debido a comorbilidades médicas, factores genéticos, diferencias en la conectividad cerebral o condiciones de vida menos estimulantes, podrían ser más vulnerables a experimentar un deterioro cognitivo o una neurodegeneración temprana.

Dr. Secundino López Pousa

Cómo citar esta página:

López Pousa S, Lombardía Fernández C. El rincón del experto: Trastorno del espectro autista y riesgo de demencia [en línea]. Circunvalación del Hipocampo, febrero 2026 [Consulta: 24 de febrero de 2026]. Disponible en: https://www.hipocampo.org/rincon-del-experto/ExpertCase0078.asp.

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Última actualización de esta página: 24-2-2026.
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Última actualización en el sitio web: 24 de febrero de 2026
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