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Rincón del experto

Cuidados prácticos en la fase moderada del alzhéimer

Encéfalo.

Corte sagital del encéfalo (imagen decorativa)

La enfermedad de Alzheimer es una dolencia neurodegenerativa progresiva que afecta principalmente a la memoria, el pensamiento y la conducta. La fase moderada suele ser una de las más difíciles de comprender y afrontar, tanto para la persona afectada como para quienes conviven y cuidan de ella. Por lo general, aparece tras varios años de evolución y se caracteriza por un agravamiento de los síntomas, que comienzan a alterar de manera significativa la vida cotidiana.

Uno de los signos más frecuentes en esta etapa es la pérdida marcada de la memoria reciente. El afectado puede olvidar conversaciones que acaba de mantener o repetir insistentemente las mismas preguntas. A ello se suma la dificultad para encontrar palabras, lo que ralentiza y confunde la comunicación. También pueden surgir cambios notables en la personalidad: alguien previamente sereno puede volverse irritable, ansioso o incluso agresivo sin un motivo evidente.

La pérdida de autonomía se manifiesta con claridad en las actividades cotidianas. Tareas antes automáticas, como preparar una comida sencilla, administrar el dinero, tomar los medicamentos o vestirse correctamente, se vuelven complejas o imposibles sin ayuda. La persona puede confundirse al usar los cubiertos, equivocarse en el orden de la ropa o incluso desorientarse dentro de su propio hogar. Estos síntomas reflejan que el daño cerebral ya no afecta solo a la memoria, sino también a la planificación, el razonamiento y la coordinación de movimientos.

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Identificar estas señales es fundamental para brindar el apoyo adecuado, adaptar el entorno y garantizar la seguridad. Aunque aún no existe cura, una atención comprensiva y especializada puede mejorar de forma notable la calidad de vida del paciente y de su entorno.

Cuidar en la fase moderada del Alzheimer va más allá del acompañamiento: exige comprender los cambios en el cerebro de la persona enferma y adaptar rutinas, comunicación y espacios para preservar la dignidad y la tranquilidad. Aunque no hay una única fórmula, sí existen estrategias prácticas de gran ayuda.

Uno de los pilares del cuidado es la "estructura y la rutina". La previsibilidad ofrece seguridad y reduce la ansiedad. Establecer horarios fijos para comidas, higiene y descanso, así como simplificar las actividades en pasos claros, facilita el día a día. Es importante dar instrucciones breves, con un tono sereno y afectuoso.

La "comunicación" debe ejercerse con paciencia y empatía. Ante las dificultades para expresarse o comprender, lo recomendable es validar las emociones en lugar de corregir errores, usar frases cortas, evitar preguntas demasiado abiertas y mantener el contacto visual. A menudo, un gesto amable o una sonrisa comunican más que las palabras.

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El "entorno físico" también desempeña un papel esencial. Un hogar adaptado —sin alfombras sueltas, con buena iluminación, puertas señalizadas y cajones etiquetados— no solo previene accidentes, sino que fomenta la autonomía. Pequeños cambios pueden marcar grandes diferencias en la seguridad y confianza del paciente.

En cuanto a la "higiene personal", conviene respetar la intimidad y ofrecer apoyo sin infantilizar. A veces bastará con dejar la ropa lista en orden o mostrar cómo usar una esponja; en otras, será necesaria una ayuda más directa, siempre procurando que la experiencia sea tranquila y digna.

La "alimentación" puede convertirse en un reto. Olvidar comer, rechazar los alimentos o tener dificultad para masticar son situaciones habituales. Servir comidas fáciles de digerir, en pequeñas porciones y en un ambiente libre de distracciones resulta útil. Si surge resistencia, es preferible volver a intentarlo más tarde antes que forzar.

El "manejo de las emociones" es igualmente importante. En esta fase son comunes los episodios de agitación, tristeza o miedo. Recursos sencillos como la música, los paseos al aire libre, los objetos familiares o actividades significativas —regar plantas, mirar fotos— pueden ofrecer calma y bienestar. Acompañar desde la comprensión y no desde la corrección es siempre la mejor opción.

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Cuidar a una persona con Alzheimer en fase moderada transforma también la vida de quien asume este rol. La atención constante y las múltiples decisiones cotidianas pueden acumularse hasta generar agotamiento físico y emocional. Por ello, cuidar implica también aprender a cuidarse.

El cuidado no debe recaer únicamente en una persona. Buscar apoyo en otros familiares, en profesionales de la salud o en asociaciones especializadas es esencial. Reconocer los propios límites y pedir ayuda no es signo de debilidad, sino una estrategia de supervivencia.

Mantener una rutina personal igualmente crucial: reservar tiempo para caminar, leer, conversar con amigos o simplemente descansar ayuda a conservar la identidad propia más allá del rol de cuidador. Estas pausas no son un lujo, sino una necesidad.

La expresión emocional también juega un papel central. Compartir experiencias con otros cuidadores, acudir a grupos de apoyo o dialogar con un profesional permite aliviar la carga y encontrar recursos prácticos y emocionales.

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Cuidar la propia salud física —descansar adecuadamente, alimentarse bien, realizar chequeos médicos— es inseparable del bienestar psicológico. Ignorar señales de alarma como insomnio, irritabilidad o tristeza persistente puede desembocar en un cuadro depresivo si no se atiende a tiempo.

En definitiva, cuidar no significa sacrificarse hasta desaparecer. Cuanto más equilibrado y cuidado esté quien cuida, mejor podrá ofrecer acompañamiento con paciencia, empatía y dignidad. En medio del desgaste que provoca el Alzheimer, el autocuidado es un acto de amor hacia uno mismo y hacia la persona enferma.

Dr. Secundino López Pousa

Cómo citar esta página:

López Pousa S, Lombardía Fernández C. El rincón del experto: Cuidados prácticos en la fase moderada del alzhéimer [en línea]. Circunvalación del Hipocampo, febrero 2026 [Consulta: 19 de febrero de 2026]. Disponible en: https://www.hipocampo.org/rincon-del-experto/ExpertCase0075.asp.

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Última actualización de esta página: 20-2-2026.
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Última actualización en el sitio web: 19 de febrero de 2026
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