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Rincón del experto

El magnesio en la enfermedad de Alzheimer

Encéfalo.

Corte sagital del encéfalo (imagen decorativa)

El magnesio es un nutriente esencial para el organismo humano, desempeñando un papel clave en numerosos procesos metabólicos, especialmente en la función muscular y el sistema nervioso. Es el segundo catión más abundante después del potasio y participa en procesos biológicos fundamentales como la fosforilación oxidativa, la producción de energía, la glucólisis y la síntesis de proteínas y ácidos nucleicos. Además, es crucial para la síntesis mitocondrial de trifosfato de adenosina (ATP), la fosforilación de proteínas y el transporte de iones a través de las membranas celulares, interviniendo en la contracción muscular y la regulación de la excitabilidad neuronal.

Los requerimientos de magnesio varían según la edad y el sexo. En la edad adulta, se estima que los hombres necesitan alrededor de 420 mg diarios, mientras que las mujeres requieren aproximadamente 320 mg. En general, para mantener el balance, una persona sana necesita consumir alrededor de 5-7 mg/kg/día.

Este mineral se encuentra en una amplia variedad de alimentos, especialmente en frutos secos y semillas (almendras, nueces, semillas de girasol y calabaza), legumbres (lentejas, garbanzos, frijoles), verduras de hoja verde (espinacas y acelgas), cereales integrales (avena, arroz integral, trigo sarraceno), chocolate negro, plátanos y pescados como el salmón y el bacalao. También está presente en productos lácteos como la leche y el yogur.

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Diversos factores pueden afectar la absorción y el equilibrio del magnesio en el organismo. Entre ellos se incluyen una dieta rica en proteínas, el consumo excesivo de sal o de alimentos con alto contenido de calcio, así como el consumo de alcohol, cafeína y ciertos fármacos, como los diuréticos y el omeprazol. Además, la absorción intestinal de magnesio tiende a disminuir con la edad, lo que puede contribuir a su déficit en personas mayores, agravado por una reducción en los niveles de vitamina D, común en la vejez.

Detectar síntomas clínicos asociados a déficits moderados de magnesio no es sencillo. Sin embargo, cuando la deficiencia es significativa, pueden presentarse manifestaciones inespecíficas como ansiedad, insomnio, fatiga, síntomas depresivos, aturdimiento, mareos y dolor de cabeza. Estos síntomas, aunque relevantes, son poco específicos y comunes en personas mayores, por lo que podrían confundirse con cambios normales relacionados con la edad.

La ingesta reducida de magnesio y sus bajos niveles séricos conducen a un aumento en la producción de radicales libres de oxígeno, favoreciendo un estado de inflamación sistémica de bajo grado y elevando los marcadores de inflamación. Además, la deficiencia de magnesio no solo intensifica el estrés oxidativo, sino que también compromete la capacidad de defensa antioxidante del organismo.

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En una revisión clínica de los estudios realizados hasta el año 2015 sobre el magnesio y la enfermedad de Alzheimer, se encontró que las personas con esta enfermedad tenían concentraciones significativamente menores de magnesio en el líquido cefalorraquídeo y en el cabello en comparación con personas sanas. Además, se observó que los niveles de magnesio estaban reducidos en el tejido cerebral de los pacientes con Alzheimer, especialmente en el hipocampo. Estos hallazgos sugirieron una posible relación entre la deficiencia de magnesio y la disminución del volumen del hipocampo, una característica común en esta enfermedad. Sin embargo, no se encontraron diferencias significativas en los niveles séricos de magnesio entre pacientes con Alzheimer y personas sanas, lo que sugiere la necesidad de estudios adicionales para determinar si el magnesio sérico podría utilizarse como marcador en el desarrollo de la enfermedad.

La relación entre los niveles circulantes de magnesio y la enfermedad de Alzheimer ha sido objeto de debate. En una revisión clínica posterior que abarcó estudios realizados entre 1991 y 2021, se evidenció que las concentraciones de magnesio en sangre periférica eran significativamente más bajas en pacientes con Alzheimer, con una tendencia adicional a la disminución de los niveles en el líquido cefalorraquídeo.

Un estudio reciente en modelos animales predispuestos a la enfermedad de Alzheimer evaluó si la ingesta de magnesio mejoraba la cognición y el desarrollo de la enfermedad mediante la modulación del eje microbiota-intestino-cerebro. Los resultados mostraron que la administración de magnesio restauraba significativamente la función de la memoria, reduciendo el estrés oxidativo y los niveles de citocinas proinflamatorias. Además, se observó que el tratamiento con magnesio modificaba la flora intestinal, disminuyendo bacterias proinflamatorias como Firmicutes y aumentando bacterias protectoras como Bacteroidetes, lo que impactaba positivamente en el metabolismo glucolítico, estrechamente relacionado con el desarrollo del Alzheimer.

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Otro estudio reciente reveló que la suplementación prolongada con magnesio incrementaba sus niveles en el líquido cefalorraquídeo en aproximadamente un 15 %. Asimismo, las sinapsis del hipocampo, especialmente sensibles a pequeñas variaciones en los niveles de magnesio, mostraron un aumento en su densidad sináptica de hasta un 50 %. Estos hallazgos refuerzan la hipótesis de que restaurar los niveles de magnesio en el cerebro podría ser una estrategia prometedora para tratar el deterioro cognitivo en pacientes con Alzheimer.

A pesar de tres décadas de investigación sobre el potencial protector del magnesio contra el deterioro cognitivo y la enfermedad de Alzheimer, y de su papel en la maduración neuronal y la reducción de la toxicidad neuronal inducida por agentes como el aluminio, todavía no se dispone de evidencia concluyente sobre su impacto en la progresión de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y el Párkinson.

No obstante, el magnesio sigue siendo un mineral esencial para el desarrollo biológico humano, particularmente a nivel neuronal. Su papel en la proliferación, diferenciación y supervivencia celular, así como en la protección de las neuronas frente al estrés celular, subraya la importancia de mantener una homeostasis adecuada. Si bien persisten incertidumbres, estudios recientes han evidenciado que su desregulación podría favorecer o agravar enfermedades neurodegenerativas. Por ello, es fundamental continuar investigando la fisiopatología del magnesio para comprender mejor su neurofisiología, establecer niveles óptimos de consumo y desarrollar estrategias terapéuticas eficaces para la prevención de la neurodegeneración.

Dr. Secundino López Pousa

Cómo citar esta página:

López Pousa S, Lombardía Fernández C. El rincón del experto: El magnesio en la enfermedad de Alzheimer [en línea]. Circunvalación del Hipocampo, febrero 2026 [Consulta: 11 de febrero de 2026]. Disponible en: https://www.hipocampo.org/rincon-del-experto/ExpertCase0070.asp.

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Última actualización de esta página: 11-2-2026.
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Última actualización en el sitio web: 11 de febrero de 2026
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