La dieta mediterránea se caracteriza por su alto contenido diario en cereales, frutas, verduras, hortalizas, aceite de oliva y productos lácteos. También contiene de manera frecuente (semanalmente, por ejemplo) pescado, pollo, patatas, huevo y dulces. Las carnes rojas se utilizan con mucha menos frecuencia (mensualmente, por ejemplo). El vino, sobre todo el vino tinto, suele estar incluido a diario, pero con moderación.